Richesses du monde

Historia

Forma parte del pueblo Chiadmi que examina las montañas berberiscas en la provincia remota de Essaouira en Marruecos.

El douar Himimssa agrupa toda mi familia, sus tierras y su historia desde generaciones.

Nacida en una modesta firme, me acuerdo cuando era una niña, pies desnudos, acompañando a la manada en los extensos pastos con mi asno, tenía la responsabilidad de ir a buscar el agua del pozo un poco más abajo en el valle.

A la vuelta, iba ayudar a mi abuela para ordenar las vacas y con una parte de la cosecha, fabricábamos mantequilla en una vasija en barro cocido que hacíamos pegar, el gusto era incomparable.

No había escuela, por eso me ocupaba de las cabras y ovejas y ayudaba la preparación de las comidas.

La explotación se hacía de lodo, color púrpura, mezclado a la paja, los animales nos servían de calefacción cuando el invierno era un poco duro y la noche se encendía al atisbo de la vela y la llama dudaba a cada gran gesto que mi abuelo hacía para decirnos sus historias.

La mañana es al canto del gallo que nos despertaba, fabricábamos nosotros mismos la masa de pan, que hacíamos cocinar en un horno en barro cocido, calentado al fuego de leña.

A continuación, íbamos a recoger nuestras aceitunas, que llevábamos a mi tío, el Haj, que estaba el solo de poseer una prensa a aceitunas tradicional, que funcionaba con la ayuda de un camello.

Recogíamos también, durante el verano la fruta del Arganier, y pasaba los próximos días enteros las nueces del Arganier con mis tías que cantaban para pasar el tiempo, a continuación utilizaban el Rhaa (molino de piedra) para extraer el aceite de los almendras, para obtener el famoso aceite de Argán. Necesitábamos 100 kilos de nuez de Argán para obtener un litro de aceite de Argán, el trabajo era largo y difícil.

Elevada por mi abuelo durante mis diez primeros años, mi corazón se rasgó, cuando mi padre vuelve de Francia para traerme con él, incluido que debía dejar a mi abuelo y mi pueblo.

No quería irme y me colgué de todas mis fuerzas a un árbol, pensando que nadie podría deshacerme.
Fue con una profunda tristeza, que me unía a mis padres en un país que no conocía.

Crecía, entre dos culturas, entre dos Mundos. Francia me di mucho, incluso una fecha de nacimiento, pero sólo tenía una idea en mi cabeza : encontrar mis raíces, volver a ver mi abuelo…

Desde entonces, en mi pueblo, mi abuelo ya no está, sino el árbol de mi infancia ha crecido, y nos proporciona un líquido rubio que se llama : el aceite de Argán.

Por esta herencia, le rindo homenaje valorizando su trabajo y a través de este, de decirle que volví de nuevo…